Primeros auxilios en la vida diaria y en la empresa: una inversión que salva vidas Primeros Auxilios

En la oficina, en la casa o en la calle, todos estamos expuestos a una posible emergencia: un compañero que se desmaya en plena reunión, alguien que se atraganta en el almuerzo, una caída, una crisis convulsiva o un dolor torácico repentino. En esos primeros minutos críticos, antes de que llegue la ambulancia, lo que […]

En la oficina, en la casa o en la calle, todos estamos expuestos a una posible emergencia: un compañero que se desmaya en plena reunión, alguien que se atraganta en el almuerzo, una caída, una crisis convulsiva o un dolor torácico repentino. En esos primeros minutos críticos, antes de que llegue la ambulancia, lo que las personas presentes sepan —o no sepan— hacer puede marcar la diferencia entre una recuperación rápida, una secuela grave o incluso la vida y la muerte.

Los primeros auxilios se entienden como los cuidados inmediatos, temporales y necesarios que se brindan a una persona que ha sufrido un accidente o una enfermedad súbita, hasta que reciba atención profesional adecuada (Garibay et al., 2006). No sustituyen al personal sanitario, pero sí son el primer eslabón de la cadena de supervivencia. Una intervención oportuna puede mantener las funciones vitales, evitar complicaciones y preparar a la víctima para un traslado seguro.

Diversos autores destacan que los primeros auxilios tienen objetivos muy concretos: conservar la vida, evitar complicaciones físicas y psicológicas, favorecer la recuperación y asegurar un traslado correcto a un centro asistencial (Minchan et al., 2018; Vértice, 2012, como se cita en Estrada et al., 2017). Desde la mirada de la gestión organizacional, esto se traduce en cuidar a las personas, reducir el impacto de los accidentes laborales y promover una cultura preventiva dentro de la empresa.

Para lograrlo, no basta con la buena voluntad. Quien presta ayuda debe seguir ciertos principios básicos: mantener la calma y actuar con rapidez, activar a los servicios de emergencia, evaluar la escena para evitar nuevos riesgos, examinar a la persona lesionada, no hacer maniobras innecesarias, protegerla del frío o del calor extremos, tranquilizarla, no dejarla sola y evitar administrar medicación sin indicación profesional (Estrada et al., 2017). Estas pautas parecen sencillas, pero requieren formación y práctica para aplicarse correctamente en situaciones reales de estrés.

En la vida diaria y en el entorno laboral, las emergencias más frecuentes incluyen mareos y desmayos, dolor en el pecho, atragantamientos, hemorragias y convulsiones (Clínica Internacional, 2017). Cada uno de estos cuadros tiene formas específicas de abordaje que pueden ir desde simples medidas de contención hasta la reanimación cardiopulmonar (RCP). Contar con personal que sepa reconocer los signos de gravedad, pedir ayuda a tiempo y aplicar maniobras seguras disminuye el riesgo de secuelas y mejora significativamente el pronóstico de la víctima.

Un complemento esencial de esta preparación es el botiquín de primeros auxilios. La recomendación es disponer de uno en el hogar, en el lugar de trabajo, en establecimientos educacionales y en cualquier espacio donde se reúna un grupo importante de personas. Un botiquín básico debería incluir antisépticos para la limpieza de heridas, material de curación (gasas, vendas, apósitos, guantes, cinta adhesiva), instrumental sencillo (tijeras, pinzas, termómetro, linterna, tensiómetro, entre otros) y algunos insumos adicionales definidos por los protocolos de salud locales (Garibay et al., 2006). Más que una caja con insumos, el botiquín es una señal concreta de que la organización se preocupa por la seguridad de las personas.

La evidencia muestra que una formación adecuada en primeros auxilios salva vidas. Hay numerosos casos documentados en los que personas no sanitarias, gracias a cursos previos, pudieron brindar RCP o actuar correctamente ante un infarto o un atragantamiento, evitando desenlaces fatales (Andina, 2021; La Vanguardia, 2018). Además, la atención primaria bien realizada disminuye la carga de los sistemas de salud, al resolver in situ incidentes menores y evitar traslados innecesarios, algo especialmente relevante en contextos de alta demanda asistencial como la pandemia por COVID-19 (Universidad de Granada, 2021).

En el ámbito empresarial, apostar por la formación en primeros auxilios es mucho más que cumplir una norma: es una decisión estratégica. Significa cuidar a los equipos, reducir tiempos de inactividad por accidentes mal gestionados, fortalecer la confianza interna y proyectar una imagen responsable hacia clientes y colaboradores. Incorporar cursos periódicos, simulacros y actualización de botiquines forma parte de una cultura de prevención que beneficia tanto a la organización como a cada persona que la integra.

Desde esta perspectiva, los primeros auxilios dejan de ser un conocimiento “extra” y se convierten en una competencia clave para la vida y el trabajo. Capacitarse no solo nos prepara para reaccionar ante una emergencia; también nos recuerda que, en muchos casos, la diferencia entre un susto y una tragedia está en manos de quien está más cerca… y mejor preparado.